martes, diciembre 22

Ética de Aristóteles

Si la felicidad es, pues, una actividad conforme a la virtud, es razonable pensar que ha de serlo conforme a la virtud más alta, la cual será la virtud de la parte mejor del hombre” Aristóteles.

Aristóteles creía que la libertad de elección del individuo hacía imposible un análisis preciso y completo de los asuntos humanos. La naturaleza humana implica, para todos, una capacidad de formar hábitos, pero los hábitos formados por un individuo en concreto dependen de la cultura y de las opciones personales repetidas de ese individuo. Todos los seres humanos anhelan la “felicidad”, es decir, una realización activa y comprometida de sus capacidades innatas, aunque este objetivo puede ser alcanzado por muchos caminos.

Si nos referimos a “La Ética a Nicómaco” es un análisis de la relación del carácter y la inteligencia con la felicidad. Aristóteles distinguía dos tipos de “virtud” o excelencia humana: moral e intelectual. La virtud moral es una expresión del carácter, producto de los hábitos que reflejan opciones repetidas. La virtud intelectual, sin embargo, no están sujetas a estas doctrinas de punto intermedio.

La Ética a Nicómaco comienza afirmando que toda acción humana se realiza en vistas a un fin, y el fin de la acción es el bien que se busca. El fin entonces, se identifica con el bien. El fin de un cuchillo es cortar bien, si este no cumple su fin, que es cortar, no está cumpliendo su fin ni está haciendo un bien. Por ejemplo, nos alimentamos adecuadamente para gozar de salud, por lo que la correcta alimentación, (que es un fin) es también un instrumento para conseguir otro fin: la salud. De acuerdo a esto debemos tomar la decision moralmente virtuosa en razón de sí misma, como un fin en sí, y no por una recompensa posterior. Pero esa decisión debe tomarse así porque una virtud moral es, a la vez, un bien en el sentido no moral del término. Debo cumplir con mi deber no porque me tenga que someter a un imperativo categórico, sino que debo actuar de la forma que más me conviene. Ésta máxima serviría de base para el utilitarismo de John Stuart Mill1, que lleva esta expresión al ámbito más universalista, es decir, el bien final es el que mayor beneficio traiga a mayor cantidad de personas. En Aristóteles, en cambio, la felicidad es el bien último al que aspiran todos los hombres por naturaleza. Pero no todos los hombres tienen la misma concepción de lo que es una vida buena, de la felicidad: para unos la felicidad consiste en el placer, para otros en las riquezas, para otros en los honores, etc. ¿Es posible encontrar algún hilo conductor que permita decidir en qué consiste la felicidad, más allá de los prejuicios de cada cual?

Ahora bien, en cualquier ente animado, la perfección de vida y el placer derivan del ejercicio de lo cual están naturalmente dispuestos, es decir, se posee una potencia natural. En los entes dotados de sensibilidad este logro del fin o del bien particular se traduce en placer; y en los sujetos dotados de razón, en felicidad.

El ejercicio y perfección de la potencia propia de un individuo se constituye en un “haber” adquirido, en un hábito que potencia más nuestro ser natural. En esto consiste la virtud en su más pleno sentido: en ser el potenciamiento de una potencia natural, logrando por medio de ella la “felicidad”.

Según Aristóteles: "No basta que la acción tenga un carácter determinado para que la conducta sea justa o buena; es preciso también que el hombre actúe de un modo determinado ante todo, que actúe a sabiendas; en segundo lugar, que proceda en razón de una decisión consciente y que prefiera esa acción por si misma; finalmente, que actúe desde una posición firme e inquebrantable"

¿Qué digo yo?

La ética prevalece en el hombre, en una búsqueda hacia el bien común y específico, a través de un camino de hábitos y virtudes que consigue llegar a la ataraxia, su mayor estado de plenitud.

¿Que es la felicidad?

La felicidad es la actividad mejor del hombre, actividad del alma en conjunto con el principio racional. La felicidad debe ser una actividad virtuosa y habitual.

El hábito se define como aquello en virtud de lo cual nos comportamos bien o mal respecto de las pasiones. El hábito predispone a un sujeto para la realización perfecta de una tarea o actividad.

La virtud es un hábito selectivo que consiste en un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón y el discernir de un hombre prudente. En latín “virtus”, en griego “areté”. Para Aristóteles la virtud es una "excelencia añadida a algo como perfección". Para él, la virtud será la disposición del alma, es decir, la capacidad y la aptitud de esta para comportarse de un modo determinado.

Aristóteles nos dice que la virtud entonces, se adquiere a través del ejercicio y el hábito, es decir, que para que un hombre se haga justo, es necesario que practique la justicia. Aristóteles considera que uno no nace justo, ni tampoco resulta suficiente la enseñanza.

Si entendemos la razón como “ciencia del conocimiento” o lógica, consiste sobre todo en el empleo de argumentos o razonamientos en la vida y en la ciencia es, como el lenguaje, competencia natural de cualquier hombre, entendiendo esto como razón puedo decir que todo ser logra su plenitud cuando realiza en función propia, y en eso consiste su bien. El ser humano alcanza su bien propio, siendo la felicidad, cuando ejercita plenamente las facultades que más lo caracterizan, es decir, la razón y la libre voluntad. El hombre no puede hacerlo sin haber adquirido antes una cierta educación o formación, una costumbre o hábito que cuando es valioso se denomina areté o virtud.

Muchos creemos que la felicidad es un estado efímero, más que la mejor actividad de un individuo dotado de razón, que se encuentran en cosas simples pueden provocar estos momentos pasajeros pero intensos. No obstante el hombre para llegar a la felicidad necesita de la razón, así consigue ser un ente virtuoso y la vez alcanzar un estado de plenitud.

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