lunes, agosto 4


Estar en una isla, en el ombligo del mundo, fue una sensación extrañísima.
Los primeros días fueron increíbles, los últimos se conviertieron en pesadillas horrorosas, con un subsconciente agotadísimo.
Extrañe a mi ciudad(más que nada), a mi mamá, a mis amigas y amigos, a mi pololo y a mi cama.
Cuando me subí al avión, de regreso a Santiago, sentí una tranquilidad tan grande, no sé si felicidad, pero que alivio.
Ya todo vuelve a la normalidad, empezar con pruebas, mantener la calma y sin olvidar pasarlo bien.
Hoy cuando vi el papel que decía: "P.S.:Que rico que llegaste!", sentí que mi espera y ansias de estar acá, no fue en vano.
El viaje fue increíble, todo, absolutamente todo, pero sin repetición.

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